Los productos frescos han ganado cada vez más protagonismo dentro de los supermercados. Carnes seleccionadas, pescados, quesos, charcutería, productos de proximidad, platos preparados o referencias gourmet permiten diferenciar la oferta y aportar mayor valor al consumidor.
Pero este crecimiento también plantea nuevos retos operativos.
A diferencia de muchos productos envasados de gran consumo, una parte de estas referencias se prepara, pesa y etiqueta en la propia cadena de supermercados, en centrales de producción o incluso directamente en los mostradores de cada establecimiento.
Además, suelen ser productos con un mayor valor unitario, una vida comercial limitada y unas condiciones de manipulación específicas.
Disponer de información precisa sobre cada artículo se convierte, por tanto, en un elemento cada vez más importante para mejorar su gestión y reducir las pérdidas.
La tecnología RFID UHF permite identificar individualmente estos productos desde el momento en el que son preparados y utilizar esa identificación durante diferentes etapas de su recorrido hasta la venta.
¿Por qué es especialmente complejo controlar los productos frescos?
En un supermercado convencional conviven miles de referencias con modelos de suministro muy diferentes.
Algunos productos llegan completamente preparados desde el fabricante. Otros se reciben a granel y se manipulan posteriormente. Y determinados frescos se cortan, pesan, envasan y etiquetan en el propio establecimiento.
Esto significa que la trazabilidad no siempre comienza en el mismo punto.
Una bandeja de carne puede haber sido preparada en una central de la cadena, mientras que un queso puede haberse cortado y pesado en tienda y otro producto de proximidad puede llegar directamente etiquetado desde un proveedor local.
Cuando estos procesos se controlan únicamente mediante identificaciones genéricas de producto, resulta difícil disponer de información individual sobre cada unidad.
Y eso limita la capacidad de saber qué producto está realmente disponible, dónde se encuentra o qué ha sucedido con él.
Del producto genérico a la identificación individual
El código utilizado para cobrar un determinado producto permite saber qué referencia se está vendiendo, pero no necesariamente identificar individualmente cada unidad física.
Con RFID, cada artículo puede disponer de un identificador único.
Por ejemplo, dos bandejas del mismo producto pueden pertenecer a la misma referencia comercial pero tener identificadores RFID diferentes.
Esta diferencia aparentemente pequeña abre muchas posibilidades.
El supermercado puede asociar cada unidad a datos como:
- referencia del producto;
- lote;
- proveedor;
- fecha de preparación;
- central o establecimiento de origen;
- destino;
- ubicación;
- estado dentro del proceso.
No significa necesariamente que toda esta información tenga que almacenarse en la propia etiqueta RFID. El identificador puede servir como vínculo con la información existente en los sistemas de gestión.
RFID UHF: mucho más que leer una etiqueta
Uno de los cambios relevantes en este tipo de aplicaciones es la evolución hacia RFID UHF.
Las tecnologías tradicionales de identificación o antihurto suelen centrarse en una operación concreta. RFID UHF permite plantear una infraestructura en la que la identificación pueda aprovecharse en distintas etapas.
Una etiqueta incorporada al preparar el producto puede utilizarse posteriormente para controlar una recepción, realizar un inventario, comprobar movimientos internos o participar en los procesos de prevención de pérdidas.
Cuando el objetivo incluye además proteger referencias de mayor valor, puede integrarse dentro de una [solución de antihurto RFID para supermercados] orientada específicamente a productos frescos y preparados.
Además, UHF permite detectar múltiples productos simultáneamente y realizar lecturas sin necesidad de mantener contacto visual directo con cada etiqueta.
Esto resulta especialmente interesante cuando se gestionan grandes cantidades de unidades.
El etiquetado RFID puede empezar mucho antes de la tienda
Una de las decisiones más importantes de cualquier proyecto RFID es determinar dónde nace la identificación.
En alimentación fresca existen tres escenarios especialmente interesantes.
Etiquetado RFID desde el proveedorEn este modelo, el propio productor, elaborador o envasador incorpora RFID antes de entregar la mercancía al supermercado. El producto llega a la cadena ya identificado individualmente. Es el escenario que ofrece mayor potencial para extender la trazabilidad a lo largo de toda la cadena de suministro, porque el identificador puede utilizarse desde las primeras operaciones logísticas. También evita tener que realizar un etiquetado RFID adicional en tienda. | Etiquetado en la central de preparaciónMuchas cadenas disponen de instalaciones propias donde preparan, fraccionan, pesan o envasan determinadas categorías antes de enviarlas a sus supermercados. Integrar RFID en este punto permite que cada producto quede identificado durante el mismo proceso en el que se genera su etiquetado comercial. Desde allí puede seguirse su distribución hasta los establecimientos. | Etiquetado en el supermercadoTambién existen categorías que se preparan directamente en tienda. Carnicería, pescadería, charcutería o determinadas áreas de platos preparados pueden generar productos destinados posteriormente al lineal de autoservicio. En estos casos, RFID puede incorporarse durante el proceso habitual de pesado y etiquetado. Lo importante es evitar que RFID se convierta en una nueva operación manual independiente. |
Cuanto más integrada esté la identificación dentro del proceso existente, más sencilla será su adopción.
Cómo puede ayudar RFID a reducir las pérdidas
No todas las pérdidas que se producen en un supermercado tienen el mismo origen.
Puede haber errores de inventario, productos mal ubicados, diferencias en recepciones, mermas, incidencias operativas o salidas no autorizadas.
Por eso, una estrategia efectiva no consiste únicamente en detectar un producto cuando abandona el establecimiento.
RFID aporta especialmente valor porque permite generar información en distintos momentos.
Mejor conocimiento del inventario real
Una diferencia importante entre el inventario teórico y el físico puede dificultar la detección de pérdidas.
Las lecturas RFID permiten realizar controles mucho más ágiles y frecuentes, aumentando la visibilidad sobre las existencias reales.
Cuanto antes se detecta una diferencia, más fácil resulta analizar dónde puede haberse producido.
Identificación de movimientos
Si existen puntos de lectura en determinadas zonas, RFID puede ayudar a registrar el movimiento de productos entre diferentes etapas del proceso.
El objetivo no tiene por qué ser disponer de una localización exacta y permanente de cada artículo, sino conocer su último evento relevante.
Protección de referencias de mayor valor
No todos los productos necesitan el mismo nivel de control.
Una estrategia RFID puede comenzar por categorías especialmente sensibles: cortes premium, determinados pescados y mariscos, quesos, jamón, elaborados gourmet o productos de proximidad con un valor unitario elevado.
Esto permite concentrar inicialmente la inversión allí donde existe un mayor potencial de retorno.
Relación entre inventario y prevención de pérdidas
Aquí aparece una de las principales ventajas de RFID frente a una tecnología dedicada exclusivamente al antihurto.
La misma identificación que ayuda a controlar una salida puede utilizarse previamente para saber que el producto existía, dónde se encontraba y en qué momento dejó de formar parte del inventario.
La prevención de pérdidas deja así de funcionar como un proceso aislado.
El reto particular de carne, pescado y productos refrigerados
Aplicar RFID sobre alimentación no es exactamente igual que hacerlo sobre una caja de cartón o una prenda textil.
La presencia de agua afecta a la propagación de las ondas de radiofrecuencia y muchos alimentos frescos contienen una elevada proporción de líquido.
También influyen el tipo de bandeja, el film, la orientación del producto, la proximidad entre artículos y la ubicación de la etiqueta.
Por eso, seleccionar una etiqueta RFID únicamente a partir de una ficha técnica puede no ser suficiente.
Es necesario comprobar su comportamiento sobre el producto y el packaging real.
En una bandeja de carne, por ejemplo, desplazar unos centímetros la posición de la etiqueta puede modificar considerablemente su rendimiento.
La fase de pruebas forma parte, por tanto, del propio diseño de la solución.
¿Tiene sentido etiquetar todos los productos de un supermercado?
No necesariamente.
Una implantación RFID puede realizarse de manera progresiva.
De hecho, para muchas cadenas puede tener más sentido comenzar con una combinación de:
productos de mayor valor + categorías con elevada pérdida + productos preparados internamente + proveedores estratégicos.
Esto permite probar el modelo operativo y cuantificar los resultados antes de extender la identificación a otras categorías.
Un proyecto piloto puede limitarse inicialmente a determinadas tiendas, una central de preparación o incluso una sola familia de productos.
Del proveedor al lineal: una única identificación
El potencial más interesante aparece cuando RFID deja de considerarse una tecnología instalada exclusivamente en la tienda.
El mismo identificador puede acompañar al producto durante un recorrido como:
Proveedor → central de preparación → centro logístico → supermercado → lineal → venta
Cada organización puede utilizar los eventos RFID que sean relevantes para sus procesos.
Para el proveedor puede ser una herramienta de trazabilidad. Para el centro logístico, una forma de automatizar recepciones. Para la tienda, puede ayudar con inventarios y reposición. Y en los puntos de salida puede formar parte de la estrategia de prevención de pérdidas.
Es esta reutilización de la identificación la que hace especialmente interesante el paso hacia RFID UHF.
¿Qué necesita un supermercado para empezar?
Antes de seleccionar lectores o etiquetas, conviene analizar el proceso.
¿Qué productos se quieren controlar? ¿Dónde se preparan? ¿Quién los etiqueta actualmente? ¿Cómo llegan a las tiendas? ¿Qué packaging utilizan? ¿Dónde se producen las principales diferencias de inventario?
A partir de ahí puede definirse dónde debe incorporarse RFID y qué puntos de lectura aportan realmente valor.
También será necesario determinar la integración con los sistemas existentes y realizar pruebas de lectura sobre los productos frescos seleccionados.
La tecnología es solo una parte del proyecto. El resultado depende en gran medida de integrar RFID dentro del flujo real de preparación y distribución del supermercado.
RFID UHF y el futuro de la gestión de productos frescos
Los productos frescos presentan precisamente algunas de las características que hacen más interesante una identificación individual: valor, caducidad, trazabilidad, manipulación y una cadena de suministro que puede incluir múltiples actores.
RFID UHF permite convertir la etiqueta de un producto en algo más que un mecanismo de identificación puntual.
Puede generar información desde el origen, automatizar controles y proporcionar una mayor visibilidad durante la distribución y la venta.
Para aquellas cadenas que ya preparan o etiquetan individualmente sus productos, el siguiente paso puede ser aprovechar ese mismo proceso para incorporar una identificación RFID que acompañe al producto durante todo su recorrido.
¿Quieres proteger productos frescos y de valor mediante RFID?
Descubre nuestra solución de antihurto RFID UHF para supermercados, diseñada para integrar la protección desde el proveedor, la central de preparación o directamente durante el etiquetado en tienda.